20 de junio de 2007

Iceland 2007: Preparativos



Me voy a Islandia! Salgo este domingo y vuelvo el 16 de julio.

Hoy he estado echando un vistazo a la maleta. Tras desesperarme un poco con la combinación (regla memotécnica: está a punto de ser mayor de edad), he descubierto que: dejando en tierra un pantalón, dos jerseys y algo de ropa interior es posible que cierre. De todas maneras espero que haga frío el domingo, porque el plan incluye llevarme parte del equipaje puesto :).

También me he estado despidiendo de la gente, como si me marchara mucho tiempo. Quizás es porque Siglufjordur suena muy muy lejos y hay quien no se fía de que vuelva. Todos quieren una postal sellada en Islandia. Se hará lo que se pueda, si queréis una, ya sabéis, pedirla que os apunto a la lista.

¿Por qué Islandia? Porque está muy lejos. Porque es un sitio especial. Porque aún estando aislados han avanzado mucho más que sus vecinos europeos mucho más favorecidos. Porque quiero escapar de esta realidad, fundirme en un sueño, dar lo mejor de mí mismo y volver preparado para cualquier cosa. Porque todo el mundo decía que era una locura. Porque es una locura.

16 de junio de 2007

De vuelta

Welcome to the planet
Welcome to existence
Everyone's here
Everyone's here
Everybody's watching you now
Everybody waits for you now
What happens next?
What happens next?


Muchas emociones, muchos cambios, muchas personas, muchos momentos felices. Muchas cosas en las que pensar, sobre las que reflexionar.

Pero aquí estoy de vuelta, con más ganas que nunca.

I dare you to move
Like today never happened
Today never happened before

3 de junio de 2007

El efecto Missing-White-Young-Blonde-Woman

Una niña inglesa ha sido posiblemente secuestrada mientras disfrutaba de sus vacaciones en Portugal. Se teme de que haya sido víctima de una red de tráfico de menores.

Lo he sabido a través de los ríos de tinta que corren sobre el tema. Automáticamente dos sentimientos han acudido a mí:


El primero, una enorme empatía con la niña y con su familia. Espero que vuelva a casa sana y salva.


El segundo, desconcierto, asco y rabia hacia lo que algunos llaman el efecto "Missing White Woman". Me explicaré:

Prácticamente todo el mundo conoce el caso, cúando, cómo e incluso la marca en su ojo para identificarla. Todos nos hemos solidarizado con el caso, lo sentimos terriblemente, etc... Y me pregunto, ¿por qué esta reacción?

Porque somos seres humanos y vemos que es algo terrible, que hay que traer de vuelta a la niña, porque nos hace sentir mal. Pero... ¿y si te dijera que hay docenas de casos como el de Maggie TODOS LOS DÍAS? ¿Y si Maggie se muriese de hambre? ¿No sería terrible? ¿No habría que buscar a los culpables? Pero y si un niño se muere de hambre, digamos, cada 7 segundos, ¿no es noticia?

Claro, ella es inglesa. Ella es importante. Los niños africanos son de segundo orden. Qué digo, de quinto orden. Dan igual. Son cifras, no son nada.

¿Sabéis lo que os digo a los que tanto rezáis por ella? Hipócritas. Que os tenía que dar igual. Si tenéis la suficiente sangre fría para vivir sin preocuparos por los que sufren, ¿por qué os va a importar esta niña? Os prometo que hay miles de historias terribles y que están ocurriendo ahora, mientras lees estas líneas. Así que deja de mentirte a ti mismo y fingir que el mundo está bien.

También me gustaría mencionar a todas esos personajillos (porque no tienen otro apelativo) que ofrecen recompensas por su liberación. Se les tenía que caer la cara de verguenza. Me dan asco.


Para reflexionar: http://www.theonion.com/content/node/30112

30 de mayo de 2007

Extinción

Los problemas del ser humano nos ciegan a veces, impidiendo ver la belleza que yace delante de nosotros, y la que, dedicándola unos minutos, es capaz de deslumbrarnos.



Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren, en un proceso simple y a la vez inimaginablemente complejo. Hace ya mucho tiempo que escribía en mi diario aquello de: "Nos hace falta un paseo por la naturaleza". Y es verdad. ¿Qué mejor manera de aprender a apreciar lo que tenemos, de disfrutar del sol, de las nubes, de la lluvia y del frío aire del norte que subiendo al monte?

Hoy he subido al Argalario. Me he encontrado con un sol ardiente, con unos cuantos montañeros campechanos que me han saludado y dado ánimos, con un perro patada que me ha saltado a la bici y con unas vistas increíbles del mar (Bilbao, Barakaldo, Sestao, Portugalete, Trápaga, Getxo... todo de una mirada).

Ha habido momentos en los que casi desisto (la subida no parecía acabarse nunca!) pero poco a poco he seguido adelante. Llegar a la cima y ver el repetidor, esas campas de cuento, las vacas, los caballos, los potrillos, las ovejas, los lagos de las minas... ¡Cómo he echado de menos mi cámara! Otro día sacaré fotos. De momento os dejo estas preciosas fotos.



Diez animales que no verás en 10 años: http://www.sciam.com/gallery.cfm?articleid=1F831201-E7F2-99DF-3B23C127DC0F12ED

PD: Os dejo el blog de una buena amiga: Dulces sueños

28 de mayo de 2007

Hauxe Da Bizitza!!!



Con este lema, "Esto es vida!", un autobús blanco se para una vez al mes cerca de casa.

No se cuando se me ocurrió, probablemente en alguna reflexión en plan "cosas que me dan miedo pero que quiero hacer alguna vez". Así que cuando hace poco me di cuenta de que cumplía los requisitos fui a informarme. Aquel día no tenía mucho tiempo, pero me dieron una hoja amarilla para que la leyera y rellenara.

Hoy, por fin, hoja en mano, he subido al autobús. Bastante perdido, inmediatamente me han atendido y, lo primero, entrevista con la médico. La verdad es que podía haber sido un poco más amable, encima de que le echo narices para donar sangre. Pero también es verdad que la gente no suele ser sincera respecto a sus hábitos sexuales. Eso me ha hecho reflexionar acerca de como la educación, bueno, la falta de educación sexual provoca que nos cueste mucho hablar sobre ello, que nos resulte violento, que te cerciores de que la puerta está bien cerrada.

La tensión, un pinchacito en la mano y a tumbarte en la camilla (comodísima por cierto). La verdad es que el autobús está muy bien equipado y cuenta con un montón de personal: médico, tres enfermeras super majas y el conductor (o el que pienso que era el conductor jejeje). La verdad es que el pinchazo pensaba que iba a ser peor, pero apenas me he enterado; enseguida estaba viendo la tele, escuchando música, mirando por la ventana...

5 minutos, 30 segundos y 450 ml después ya estaba listo. Me han dejado un poco tumbado, luego me he incorporado y he pasado a la parte de atrás, a beber para recuperar líquidos mientras leía el periódico. Y ala, a la calle!

La verdad es que no he sentido ningún bajón, salvo el sentir el brazo izquierdo con el esparadrapo (para la siguiente vez me depilo antes, que ahora me lo tengo que despegar y no me apetece nada, jejeje).

¿Y el miedo? Superado. Está en la mente. El valor es una farsa; solo aparece después de que haces eso que te da miedo!

Animaos! Pensad en aquellos que necesitan tu sangre, en la vida que puedes salvar junto a la sangre de otros cientos de donantes. Es una hora de tu vida. ¿Quién sabe si algún día necesitarás una transfusión?

23 de mayo de 2007

Otras culturas: Mongolia - La tierra infinita

La cultura es el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada






Ala, hoy estoy inspirado e inauguro una nueva sección. La he titulado "Otras culturas". En ella en vez de escribir acerca de países al estilo de una enciclopedia escribiré experiencias y entrevistas en otros países. Historias que nos permitan saborear un poco cómo viven allí, cómo es su día a día.

Antes de empezar quiero dejar muy claro mi opinión acerca de lo que representa una cultura y, sobretodo, qué es lo que no.

Cultura, además de la música, la cocina, el vestuario y los chistes malos es, como dice mi amiga Wikipedia, el conjunto de todas las formas de vida de una sociedad. Pero yo quiero remarcar que la cultura no está por encima de los derechos humanos: la igualdad, la educación, la vida, la tolerancia... son valores universales que no pueden ni deben ser arrollados con la excusa de "una cultura diferente".

Además, la cultura nunca puede utilizarse cómo un método de diferenciación nacionalista. Es decir, todos somos personas, todos tenemos los mismos derechos, y la cultura no puede ser nunca una barrera entre dos personas. Con esto me refiero a las actitudes retrógradas de "yo no me mezclo con moros" o "bua, ese es gay, cuidado con él". La cultura, las creencias y las costumbres individuales nunca pueden utilizarse para separarnos.

Hoy toca hablar un poquito de Mongolia, uno de esos sitios a los que iré algún día.

Espero que Zigor Aldama no se pique conmigo, pero me estoy convirtiendo en un verdadero fan de sus artículos. Este periodista suele publicar en diversos medios artículos muy interesantes acerca de Asia. Solo tiene un fallo, utiliza Msn Spaces, pero trataremos de convencerle para que abandone a Microsoft y se pase a algo más transparente!

Este es el artículo (copiado del Diario Montañés y del Diario Sur).


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Nada por aquí, nada por allá. Salvo por aisladas zonas montañosas, en Mongolia sólo se puede elegir entre una alfombra verde o una marrón. Entre la estepa y el desierto. Llanuras desoladas en las que un giro de 360 grados sólo descubre kilómetros y más kilómetros de soledad. Un millón y medio de personas vive desperdigado por una superficie tres veces superior a la de toda Francia, un territorio en el que la furia del clima continental se abate sin piedad: el mercurio cae hasta los 30 grados bajo cero en invierno, congelando hasta la tierra, y salta hasta los 35 sobre cero en los cortos meses de verano. En un mismo día, la oscilación térmica puede llegar a cuarenta grados.

En este ambiente hostil, los nómadas de Mongolia sobreviven como hace siglos. Viven en las yurtas tradicionales conocidas como ‘ger’, casas circulares construidas con telas y pieles, y recorren el territorio en busca de pastos mejores para sus animales, el sustento emocional y económico de todo un pueblo que se enfrenta al duro envite de la globalización. Cada vez son más los jóvenes nómadas que buscan sobre el asfalto una vida mejor, aunque en muchas ocasiones lo que encuentran es una jungla dominada por la violencia y el alcoholismo.

La capital de Mongolia, Ulan Bator, es un catálogo de excesos en el que se vive un ambiente deprimente que nada tiene que ver con la hospitalidad y la inocencia de la que hacen gala los campesinos. «La ciudad nos convierte en seres malvados. Olvidamos a la familia, nuestro vínculo con la naturaleza y las raíces de nuestra cultura», se lamenta Anar Chack, una joven urbanita de 24 años. «Y eso es todo lo que sustenta la vida nómada», añade.





Si lo tuviera, el reloj de Tsendayush marcaría las 22.37 horas. El sol coquetea con la línea del horizonte, y el termómetro va en busca de su mínimo diario por debajo de la marca del cero. Es hora de dirigir a los animales a sus respectivos cercados. Los caballos, las cabras y las ovejas. La familia al completo se reúne para traer a los animales, desperdigados en kilómetros a la redonda. Los hombres los guían a lomos de sus caballos mientras las mujeres jóvenes los encierran. Chimdregzen, la abuela, prepara cuencos de yogur de leche de camella para cuando hayan terminado. Salvo por unos fideos vegetales, los quince miembros de la familia, que se alojan en tres ‘gers’ contiguos, tienen una dieta basada en lácteos.

Son más de las once cuando se reúnen todos en torno a la vieja estufa en la que queman excrementos secos. «Aquí no tenemos madera, así que nos las tenemos que ingeniar de alguna forma para combatir el frío», comenta Tsendayush, el padre de familia. De nuevo, la respuesta a sus problemas llega de la mano de los animales. «Nos proporcionan comida, pieles, combustible e, incluso, una forma de transporte. Nuestra vida depende completamente de ellos», comenta.



El día a día

No han pasado cinco horas desde que cerró sus ojos y Unurjargal ya está levantada. La mujer de Tsendayush se abriga y sale a ordeñar las ovejas antes de que su hijo las lleve a pastar. Poco a poco, el intenso manto de estrellas que cubría el cielo va desvaneciéndose para dejar paso a las luces anaranjadas del amanecer. No tardan en acompañar a Unurjargal a su hija Munkhsaruul, de 17 años, y al más pequeño de la familia, Nyamochir, de ocho. La primera se pone manos a la obra, ordeñando cabras, y el segundo monta a su caballo, al que está adiestrando para participar en la mayor festividad del país, el ‘Naadam’.
Tsendayush, por ser el padre de familia, disfruta de 45 minutos más de descanso antes de sorber un cuenco de yogur y de volver a llevar el ganado a los mejores pastos de la zona. Para entonces, toda la familia está realizando alguna labor, cada cual en la medida de sus posibilidades. «Aquí no hay lugar para la vagancia», sentencia Unurjargal.

A casi 50 kilómetros de distancia, y a casi 2.000 metros sobre el nivel del mar, un ‘ger’ llama la atención por los artilugios que lo rodean. Parece mentira, pero la familia de Choijames cuenta con una antena parabólica y placas solares que producen electricidad. En el interior del ‘ger’, cuyo suelo está tapizado, los niños disfrutan de la última versión de ‘King Kong’ en su flamante reproductor de DVD. Forman parte de la clase alta nómada, algo que parece una contradicción, aunque no lo es.

La clase social entre los nómadas la determina el número de animales que posee cada familia. Se estima que hay unos 30 millones de cabezas de ganado en el país, lo cual supone una media de 20 por habitante. Sin embargo, hay grandes diferencias dependiendo de la zona en la que vive cada familia. Choijames, por ejemplo, disfruta de la tranquilidad que da tener más de 300 animales bien alimentados. Los excedentes que vende en el mercado local de Tsetserleg le sirven para enviar a sus hijos al colegio en la capital, disponer de coche y moto, y adquirir los últimos éxitos de Hollywood. Sin embargo, para Byambsuren, nómada del desierto del Gobi, la supervivencia es el objetivo. Sus 50 animales, entre los que no se encuentra ningún caballo, tienen un aspecto lastimoso. La sequía provoca la desnutrición del ganado y ya han perdido dos camellos por el frío después de tener que vender su piel de forma prematura. Poco a poco, Byambsuren ha ido perdiendo la fe en su forma de vida. «Antes podíamos mover nuestra residencia cuatro veces al año; ahora sólo dos», se lamenta. «No tenemos dinero ni siquiera para la gasolina de la moto».



Trabajar por el futuro

El interior del ‘ger’ deja al descubierto las carencias. La lona está podrida y la arena se cuela por las aberturas inferiores. El presupuesto no da para recubrir el suelo del desierto sobre el que han construido la vivienda, y la electricidad es algo que jamás podrán permitirse. Aquí, los niños juegan con los animales recién nacidos. No hay juguetes.

Gracias al trabajo de UNICEF, eso sí, los pequeños acuden a un internado varios meses al año. «Tenemos que preparar a los jóvenes para una futura escolarización reglada», comenta la profesora de la guardería, situada en medio de la nada. «Traemos aquí a los hijos de los nómadas que viven en un radio de cuarenta kilómetros, y aquí conviven durante periodos de quince días». Lo único que delata la existencia de un patio es una canasta en medio del desierto. «Aquí no hay peligro de que se escape la pelota».



Byambsuren, Choijames y Tsendayush comparten una forma de vida con miles de años de Historia. Todos recuerdan al mayor ídolo mongol, Gengis Khan, conquistador de conquistadores. «Nuestro orgullo va desapareciendo rápidamente. Ya sólo lo reservamos para las festividades del ‘Naadam’ y para cuando el vodka nos hace olvidar nuestras penas», se lamenta Tsendayush.
«Nuestros hijos ven en la televisión una vida que les parece más atractiva, y sólo uno de los cinco que tenemos quiere seguir con la tradición nómada, a pesar de que contamos con todo tipo de avances en casa», reconoce Choijames. Byambsuren, a pesar de ser el más pobre de todos, defiende el nomadismo.

La sabiduría del viejo Dandijav

En sus tiempos mozos, hace dos décadas, Dandijav era considerado uno de los mejores pastores de Mongolia. Durante el festival del ‘Naadam’, la mayor celebración nacional, sus virtudes a lomos del caballo eran la envidia de muchos. En la década de 1980, Dandijav contaba con más de 300 reses que le proporcionaban una vida cómoda, dentro de las dificultades que comporta vivir en el desierto del Gobi. Sin embargo, la caída de la Unión Soviética supuso un duro golpe para él y para su familia. Se acabaron, entre muchas otras cosas, los subsidios para los nómadas y la educación gratuita. Ahora, sus cien animales presentan un estado lamentable. «Es una tragedia», reconoce Dandijav.

¿Es dura la vida de nómada?

Quizá desde la perspectiva occidental lo sea, pero nosotros no conocemos otra y no consideramos que nuestra forma de vida, en sí, sea dura. Lo que sucede es que las condiciones ambientales han cambiado radicalmente en la última década, y cada vez es más difícil encontrar pastos para los animales.

¿Les afecta el cambio climático?

Mucho. Hace cuatro años no era complicado encontrar algo de vegetación con la que alimentar al ganado, pero cada año que pasa el desierto se va haciendo más inhabitable, y no es posible tener tantos animales como teníamos. Cada vez llueve menos, y hay que desplazarse más lejos para encontrar pastos. Nuestros ingresos no nos permiten hacer recorridos tan largos, así que tenemos que apañarnos con menos animales, que es lo mismo que decir que tenemos que sobrevivir con menos recursos.

Sin embargo, la vida en la estepa no es tan difícil. ¿Por qué no viajan allí?

Somos nómadas, pero el estado no nos permite circular libremente por todo el territorio, y lo comprendo. Si todos decidimos ir a donde se encuentran los mejores pastos, pronto desaparecerán y no habrá para nadie.

Si la situación sigue empeorando, ¿qué solución ve?

Esperamos que el Gobierno decida disparar a las nubes para que llueva. El problema es que no descargan como solían hacerlo, pasan de largo sin dejar una gota, como consecuencia del cambio climático provocado, en gran medida, por la industrialización China. Lo que tememos es que, al final, este hecho puede acabar con nuestra forma de vida, porque no podremos resistir siempre.




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Os dejo mis reflexiones:

- La sencilla y sostenible vida en el campo es maravillosa. Debemos de respetarla, aunque, claro que sí, hay que asegurar que los niños tienen la misma educación y oportunidades que todos.

- La televisión consigue vender una forma de vida que es todo apariencia, pero a la que le falta un sentido más amplio. Como bien dice Hernán Zin, los del Norte queremos dar una educación a los del Sur, pero tenemos tanto o más que aprender de ellos.

- El cambio climático es una realidad capaz de destrozar formas de vida milenarias.

- La Unión Soviética les proporcionaba educación gratuita y ayudas. ¿Y ahora qué, ya no hay nada?

- La ciudad, el centro de la economía, del dinero, del trabajo, se acaba convirtiendo en un infierno. Este artículo de la BBC me recuerda a lo que ocurría en mi ciudad, Barakaldo, hace 60 años.

El papa y sus paparruchas



Paparrucha. 2. f. coloq. Tontería, estupidez, cosa insustancial y desatinada.

Pope Benedict XVI told Latin American bishops in Brazil that American Indians had been "silently longing" to become Christians 500 years ago.

The BBC's Emilio San Pedro said the Pope had said the Christianisation of the region had not involved an alienation of the pre-Colombian cultures.


Este hombre tiene la capacidad de sorprenderme cada día. Ahora resulta que los indios (mejor dicho indígenas americanos) necesitaban de la salvadora llegada de la Iglesia católica. ¿Qué es lo que quiere decir: que estaban locos o que esta salvaje invasión fue un buen regalo para el continente?

Da igual. El caso es que la Iglesia católica va de mal en peor. Comenzaré por el lado positivo: El cristianismo defiende una visión de la vida en la que el amor es lo más importante, en la que todos nos debemos de ayudar, etc. Inspirados por esa visión millones de personas se han ayudado y han mejorado sus vidas y las de los demás. Personas que he tenido la suerte de conocer, que arriesgan su vida en Honduras, en Guatemala, en el Salvador y en muchos otros países no para llevar la Buena Noticia, sino para, simplemente, ayudar con sus pocos medios.

A todos esos héroes anónimos les respeto y les aprecio, al igual que a la filosofía que les ha llevado a hacer sacrificios tan increíbles.

Pero ellos son solo una parte de la Iglesia. Existe otra parte, la del dogma. La que habla de Dios como si fuera un gigante con una espada sobre nuestras cabezas. La que gasta su dinero para demostrar que los preservativos son peores que la abstinencia. La que es homófoba. La que es machista. La de los ropajes de oro, la de las misas en latín.

Existe un conflicto de intereses enorme entre ambas corrientes. No es posible ser coherente, defender la paz y el amor, los derechos humanos, y, sin embargo, continuar con ideologías sectarias, saltarse algunos derechos humanos y utilizar una absurda estructura de poder. Hay quienes valoran el conjunto positivamente. Yo no. No me gustan las generalizaciones, y no pienso que el sudor de los misioneros pueda relacionarse con la ostentosidad y las chorradas a las que generalmente se dedica el papa.

De todas maneras, espero que algún día comprendan su error y cambien de rumbo. No me importa cuál es la motivación, cual es la doctrina; lo importante, queridos lectores, es lo que hacemos, porque eso es lo que somos.